viernes, 29 de noviembre de 2013

Hoy... no ignoraré el valor de la confesion




Si decimos que no tenemos pecado” en nuestra vida, “nos engañamos a nosotros mismos” y llamamos a Jesús mentiroso (1 Juan 1:8,10).

Esencialmente, confesar significa “estar totalmente de acuerdo con alguien.”

Nosotros nos confesamos al Señor (nos ponemos de acuerdo con Él) de que Su camino es el correcto y que el nuestro está equivocado.

Entonces, ¿cómo nos arrepentimos? ¿Qué significa esto en términos prácticos?

Cuando te das cuenta de que estás haciendo algo mal, en tu corazón, mente o acciones, llevas esto al Señor en confesión.

Hay tres partes importantes de la confesión, no que tengan que seguirse como cierto tipo de fórmula, pero una confesión completa implica estar totalmente de acuerdo con el Señor en lo siguiente:

1. Lo estoy haciendo” —nadie más es responsable por obligarme a hacerlo.

2. “Está mal” —no hay justificación que pueda hacer que esto esté bien.

3. “No quiero seguir haciéndolo” —quiero cambiar la manera en que he estado viviendo.

Jesús dejó bien claro que no vino a felicitar a las personas que habían logrado guardarse de perderse en el pecado, sino que Él vino al mundo a “llamar…a los pecadores al arrepentimiento”.

Por supuesto, se espera que evitemos pecar, sin embargo cuando pecamos, Jesús está ahí para nosotros como nuestro “Abogado” .

Cuando “confesamos nuestros pecados,” Su fidelidad lo impulsa a perdonarnos para separarnos del poder que esos pecados tienen para manipularnos, y para liberarnos del castigo justo que esos pecados

merecen.

Su fidelidad neutraliza nuestra infidelidad, y Su justicia lava nuestra injusticia.

El perdón y la limpieza que Él hace en nuestra vida quedan completos con cada confesión, exactamente de la misma forma como quedaron completos la primera vez que confesamos a Jesús como Señor.

No queda ni un residuo para que lo restreguemos por nuestra cuenta. Recordar esto es crucial cuando se trata de los momentos frecuentes de los cuales debemos arrepentirnos en nuestra vida diaria.

Cada una de las tantas veces que cometemos un pecado particular, como fantasear o tener pensamientos lujuriosos, el Señor quiere que los confesemos para que Él pueda restaurarnos y regresarnos al camino
correcto. Pero no tenemos que arrepentirnos numerosas veces por cada vez
que pecamos.

hoy quiero entender en mi espíritu el genuino valor de la confesión como un regalo de Dios para mi restauración.

Señor, Ante ti vengo humillado para confesar las veces que te he dado la espalda y me he creído suficiente cuando en realidad sin ti no puedo vivir. Amén.

Dr. Daniel A. Brown.

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